MONSTERS OF FOLK



Lo primero que llama la atención de Monsters of folk es el impresionante currículum de sus miembros: M. Ward (de M. Ward y She & Him), Jim James (de My morning jacket), Conor Oberst y Mike Moggis (de Bright eyes). Lo segundo que llama la atención es que ninguno destaca sobre los demás, y no es la extensión de ninguna de las otras bandas relacionadas aunque determinados temas tengan un aire. No es una suma de nombres, sino de músicos. Lo tercero, una vez escuchado, es que, efectivamente, son enormes, unos monstruos; lo hayamos apreciado o no, hemos estado escuchando folk. ¡Abramos nuestras fronteras, refresquemos nuestras referencias: el folk se esconde en cada nota, vibra en cada cuerda, nace y muere en cada voz!

Quizá me equivoque, pero el fenómeno musical de las primeras décadas de la música occidental, del poprock, de la música independiente, puede ser la regionalización del sonido, la inspiración profunda en referencias, en músicas, en tradiciones locales. Por lo menos hay que admitir que está madurando una joven generación de artistas, en América sobre todo, que están destacando precisamente por la reinterpretación, ya no tanto de los estilos, de los sonidos y de los artistas locales (que también), como del propio entorno en el que han crecido. Lo bonito, lo nuevo de este neo-folk es, precisamente, que no es que recuerde a tal o cual grupo, sino que realmente suena a verdadera y nueva observación; del entorno, del territorio, de las gentes y los hábitos que pueblan las diversas zonas de EEUU. El folk de hoy no puede sonar al de ayer, porque el tiempo ha pasado, la gente ha cambiado. No obstante, algo recuerda a lo de siempre.

Monsters of folk está comuesto por un músico de Kentucky, dos de Nebraska, y un californiano adoptado por Oregón. Su música atraviesa el país como una esponja, veterana, relajada y fumando un pitillo tranqulia en el asiento de copiloto de un Dodge Challenger amarillo del '70. Su música viaja, mirando a izquierda y derecha (sur y norte), para después desprender un torrente cálido de rock acústico y country, con gotas templadas de blues, pop y hasta swing y white soul. Su música es, fundamentalmente, acústica, con momentos de intensa intimidad, y otros de sincera extroversión; con una producción impecable, y un sinfín de arreglos y texturas que solo pueden evocar un paisaje en movimiento. Vivo, y captado en su más absoluta, bella y perfecta naturaleza.

El MONSTERS OF FOLK, hasta ahora su único trabajo, es un disco delicioso, un desafío a la sensibilidad, una caricia del viento que recorre las grandes llanuras de Norteamérica que nuestra piel agradecerá. Es un sonido limpio, puro y sincero; sin prisas, que a veces recuerda al último galopar, a la última escena de John Wayne alejándose, en Centauros del desierto, pero que, sin embargo, siempre hace que nos sintamos muy bien acompañados.


Temazcal

The right place

Map of the world